SOLICITUD DE TRASLADO (Tertulias en el Cielo)

por Denes Martos


San Pedro estaba un tanto nervioso al mostrarle la carta al Altísimo.

— Viene de . . . – y señaló con el pulgar hacia abajo como indicando la región de los fuegos eternos.

— ¿Sabes al menos de quién es? – preguntó el Creador

— Según el remitente, es un político sudamericano y está fechada el 27 de Octubre pasado.

— Está bien. Ábrela. Veamos qué desea.

La carta estaba redactada en el más puro estilo oficial y San Pedro no tuvo ninguna dificultad en leerla a pesar de cierta jerigonza que delataba la profesión del interesado. La carta decía:

"De mi mayor consideración:

A causa de lamentables errores de apreciación y ciertos testimonios decididamente falaces, las supremas autoridades celestiales han establecido hace algún tiempo que mi lugar de residencia permanente debía ser el Infierno (2010° subsuelo, pabellón 10, sala 27, caldero 45876).

Considero que esta sentencia no se ajusta a derecho y, además, carece de sustento por cuanto, a lo largo de toda mi vida terrenal, he sido un hombre de ideas y convicciones firmes. Es cierto que esas ideas y convicciones resultaron ser totalmente equivocadas ya que se hallaban en contradicción flagrante con las normas del Orden Natural, pero debo decir en mi descargo que, en realidad, nunca las entendí demasiado bien (ni a las ideas ni a las leyes del Orden Natural). Además, desde que estoy aquí he asistido regularmente a todos los cursos dictados por los ideólogos del partido. En consecuencia, he tenido oportunidad para darme cuenta que ellos tampoco las entienden.

El General me ha cortado el rostro y no atiende mis llamadas desde hace rato y, por otra parte, con Marx y con Lenin no me he podido comunicar dado que están en otro sector en dónde se pasan la eternidad discutiendo con Stalin, el Ché y Trotsky, mientras los demás diablos no hacen más que matarse de risa.

El motivo de mi solicitud es que debo compartir este recinto con todos los demás diputados, senadores, ex-presidentes y candidatos que, objetivamente, no sólo hicieron las cosas mucho peor que yo sino que hasta hubieran cometido cosas mucho peores si yo no hubiese ocupado el lugar que todos ellos ansiaban.

De hecho, es mi íntima convicción que toda la sociedad y el país entero se benefició con mi gestión, considerando lo que hubiesen robado, estafado, malversado, chantajeado, usurpado, embaucado y sustraído mis opositores si yo no me adelantaba a ellos. En especial considero injusto que se me haya asignado el mismo sector que a un sujeto apodado “El Brujo” con quien no sólo no he tenido nada que ver sino que hasta tiene el descaro de alegar que me perdonó la vida y que fue gracias a él que pude gozar de mi existencia terrenal. Para colmo, el antemencionado sujeto me tortura constantemente con sus discursos esotéricos y astrológicos en los que es incapaz de pronunciar la letra “A” sin repetirla tres veces.

Consideraría justo que se me otorgue una segunda oportunidad, dado que mi mayor preocupación fue siempre la de construir mi propio poder y recién ahora me doy cuenta de que el verdadero poder, vale decir el poder real, estuvo en manos de los otros compañeros que cumplen su pena en los pabellones del sector financiero y bancario de modo tal que, considerando la situación desde esa óptica, yo no fui más que otro involuntario ejecutor de sus planes y designios a pesar de mis discursos contestatarios y mis desplantes protocolares débilmente sustentados por mi ideología progresista.

Solicito de las instancias pertinentes la posibilidad de servir a la causa justa hacia la cual prometo mi firme compromiso a partir del momento en que esa causa justa me sea explicada o revelada, aunque más no sea en forma superficial. Con mis antecedentes soy consciente de que no puedo pretender un puesto de alta jerarquía en la administración celestial, pero pongo a disposición mi experiencia en tratar con almas descarriadas – incluso con las de la peor calaña – especialmente en situaciones en las cuales la eficiencia y los resultados tienen que privar por sobre cualquier consideración ética y/o moral.

Esperando v/resolución favorable aprovecho la oportunidad para hacer llegar mi mayor consideración y estima . . .
"


— y etcétera, etcétera, etcétera – terminó de leer la solicitud San Pedro.

El Señor y el guarda de sus llaves quedaron en silencio un largo rato.

— ¿Lo consideramos? – preguntó por fin San Pedro.

— ¿Considerarlo? ¿Por qué? – quiso saber el Altísimo

— Suena a arrepentido. . .

— No me suena así a mí. Pero aun suponiendo que se haya arrepentido, ahora ya es tarde. Es fácil arrepentirse de algo cuando ya se padecen las consecuencias. Tuvo como 60 años en la tierra para arrepentirse. Si no aprovechó la oportunidad entonces . . .

— ¿Y el caso del hijo pródigo, Señor?

— ¡Vamos Pedro! ¡Ése fue un caso completamente distinto! Éste de aquí ni siquiera fue pródigo de verdad. Si dio algo fue porque esperaba obtener a cambio veinte veces lo dado y lo que dio ni siquiera era de él. Y ahora lo que más le molesta es que tiene que soportar el haber quedado entre los perdedores. Además, que se enteren allá abajo que yo no reviso mis decisiones. Aquí las sentencias no son apelables ni conmutables. Esto no es una democracia con tres poderes y ningún responsable en dónde todas las decisiones son reversibles. Esto es una monarquía y lo será por toda la eternidad.

— ¿Lo rechazamos, pues?

— Por supuesto. ¡Y no me traigas más cartas como ésa! Tenemos suficientes personas decentes aquí arriba como para garantizarle un ambiente adecuado a las almas honorables. No necesitamos paracaidistas.

— ¿Paracaidistas aquí, Señor? Tratándose de alguien procedente de allá abajo, lo de paracaidista ¿no es algo que los juristas llamarían una "contradictio in adjecto"?

— Es una metáfora, Pedro. Pregúntale a un abogado. Es decir, . . . si es que encuentras a alguno por aquí.